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Falleció Don Onelio Barberis, un genuino gran campeón de la vida

Falleció Don Onelio Barberis, un genuino gran campeón de la vida
Onelio, en su casa de Aldao, junto a sus trofeos más importantes. Sonriente y amable, como siempre y muy respetuoso de nuestra labor periodística.

La triste noticia se la comunicó anoche a Nuestro Agro su hijo Horacio, quien con gran dolor hoy junto a su familia despide al hacedor de Cabaña "La Lilia", de Colonia Aldao. El Holando está de luto, por este gran criador y mejor persona, que a los 90 años deja un legado tan importante y glorioso, como lo fue su humildad y generosidad.

31.08.2019  Para homenajearlo, este periodista rememora su primera nota (de tantas) realizada a Don Onelio Barberis, en el marco de la Expo Rural Rafaela, en agosto de 2006, publicada en la edición de septiembre de ese año. La foto que ilustra esta nota, fue sacada por este periodista en una visita a Aldao en 2008, en la previa de la celebración de los 50 años de la cabaña.
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Diálogo con Onelio Barberis
La voz de la experiencia

Escucharlo hablar es sumergirse en el pensamiento sabio de un hombre que transitó la vida al lado de las vacas Holando; es comprender lo distinto que es todo hoy luego de más de 50 años de esfuerzo cotidiano persiguiendo el progreso de la raza; y principalmente, es sorprenderse con la vitalidad y el tesón de una persona que, con ocho décadas en su espalda, sigue trabajando activamente para su querida “Cabaña La Lilia”, una de las más prestigiosas del país. Lo hace con la tranquilidad que le transmiten sus hijos, hacedores del perfil profesional de la empresa familiar; y con la seguridad y la cautela que sólo brinda la experiencia. Así piensa y así vive, Don Onelio Barberis, un cabañero que cuando cuenta la historia de la lechería, simplemente habla de su propia vida.

 

Este tipo de charlas, son como pequeños descansos en medio del vértigo que propone la Exposición Rural de Rafaela. Nuestro Agro encontró en el Galpón de Toros –como no podía ser de otra manera- a uno de los máximos referentes de la lechería nacional, sentado en un cómodo sillón de camping junto a los innumerables trofeos cosechados en el concurso Holando los días previos y rodeado por el afecto de sus familiares. Muy amable, como siempre, Don Onelio Barberis se dispuso a compartir sus enseñanzas, su visión de las cosas, a modo de balance, luego de más de 50 años dedicados por completo al desarrollo de la raza más lechera del país, y cuando opina, lo hace con la serenidad y la confianza propias de quien ha recorrido un camino lleno de aprendizajes.

“Hace muchos años que vengo con mis animales a esta hermosa y pujante muestra de Rafaela, tantos, que ya no recuerdo cuántos”, arranca diciendo el cabañero propietario de “La Lilia”, establecimiento ubicado en Colonia Aldao, localidad donde todavía reside junto a su familia. Esta cabaña, que obtuvo importantes premios en la Expo, entre los cuales se destacaron el Gran Campeón y el Reservado Gran Campeón Machos PP; que en 2008 cumplirá 50 años en la crianza de animales Puros de Pedigrí, lo tiene a Onelio como al gran padre de los éxitos conseguidos en todo este tiempo, aunque él se encarga de aclarar que sin sus hijos no hubiese logrado lo que hoy tiene. “Yo rescato de nuestra familia, la unidad que ha tenido siempre, un valor que, combinado con el trabajo, nos dio los resultados que hoy están a la vista. Por ejemplo. Yo antes analizaba y actuaba en base a la visión de dos ojos nada más; hoy tengo además la visión de mis hijos, y entonces con ocho ojos todo es más sencillo y por eso recomiendo la cautela, antes de actuar. Puedo decir que cambié y aprendí con este método”, dice con voz de maestro, al tiempo que esgrime sus primeras reflexiones: “Yo al principio me equivocaba cuando decía que habíamos tenido suerte y que por eso nos había ido bien en la actividad; hoy tengo que admitir que fue justamente la continuidad lo que hizo que en gran parte seamos una cabaña exitosa, como en cualquier trabajo o en cualquier empresa. Tengo la enorme fortuna de tener a mis hijos continuando lo que alguna vez comenzó como una emprendimiento familiar, por eso puedo afirmar sin temor a equivocarme que la continuidad es la que lleva a los buenos fines”.

En todo momento, el relato del experimentado criador vuelve a los valores del trabajo y el esfuerzo, quizás porque como bien él dice, “yo empecé de muy abajo, pero rápidamente entendí que para ser serios en esta actividad había que invertir constantemente; nosotros tenemos un gran compromiso con la gente que nos visita para comprar nuestros productos y la única manera de mantenerlo es continuar mejorando a través de inversiones, para seguir respondiendo a las exigencias y las demandas de nuestros compradores; siempre digo, si lográramos los argentinos hacer de esto una cultura del trabajo, nuestro país crecería mucho más y mejor”.

Adaptarse a los cambios

Las reflexiones y los conceptos que vierte Onelio Barberis durante la charla con Nuestro Agro, reflejan el pensamiento de una persona que supo adaptarse a los cambios que le propusieron los “tiempos modernos”. “En los últimos 5 años esta Cabaña ha dado sus pasos más importantes, gracias a mis chicos, que han sabido incorporar la genética en su momento justo, lo cual a nosotros se nos habían pasado en su momento”, dice Onelio, y agrega: “En todo orden de la vida, si nos quedamos pensando que ya tenemos todo hecho, la meta se nos aleja y nunca la alcanzaremos”. En estas palabras se esconde un secreto primario del progreso: quizás se trate de eso, de no alcanzar nunca la meta y seguir caminando hacia adelante con el desafío mismo de la superación; “el tema es no quedarse”.

Pero “también hay que saber manejarse, porque los cambios que se dieron en esta última época, son enormes. Quien haya creído que estaba todo hecho sin lugar a dudas se equivocó, por eso a mí me duele mucho acordarme de la buena gente que quedó en el camino por no actualizarse, por no mejorar sus herramientas de trabajo; aunque tampoco hay que desesperarse, porque el crecimiento lleva su tiempo; yo agradezco no haber crecido de golpe con la Cabaña”, dice como recordando los pasos acertados de su vida, Don Onelio.

Compromiso con el país

Cualquiera podría pensar que a esta altura de su vida, Don Onelio bien puede desentenderse de los vaivenes políticos de Argentina, despreocuparse de los Gobiernos de turno, pero no es así. Él aporta lo suyo desde su propia experiencia y dice: "me parece que hay que involucrarse y luchar contra las malas cosas de la política; el secreto es seguir peleándola. Además los desafíos siempre estuvieron, antes a lo mejor eran distintos, pero no pensemos que los obstáculos son sólo de ahora. Si tuviéramos políticos acordes al hermoso país que tenemos, estaríamos muy cercanos a las naciones del primer mundo, pero no es así, y me da mucha lástima por ellos que no saben aprovechar la posibilidad que tienen”, sostiene Barberis.

Con el espíritu intacto

“En el balance de mi vida, tengo más momentos de alegría y felicidad que de angustia, y mi mayor fortuna sigue siendo la salud, que me permite seguir trabajando, y eso me hace sentir vivo y útil”, cuenta con gran entusiasmo Don Onelio. “Soy un agradecido con lo que pasó en nuestras vidas, porque todo nos costó mucho esfuerzo y dedicación, y si es cierto lo que dicen algunas religiones, con eso de que uno vuelve a nacer, pediría para mí la misma vida”, afirma convencido.

Onelio sigue viajando a visitar sus campos, saliendo muy temprano en su auto a la mañana, una o dos veces por semana, y volviendo bien entrada la noche. Claro que con esta faceta incansable de Don Onelio, sus hijos se preocupan, porque quieren ver a su padre descansar un poco más, pero ante esta requisitoria, el gran cabañero siempre opina lo mismo: “me piden que afloje con el esfuerzo cotidiano, pero ellos están muy atareados y yo los ayudo, además porque de ese modo, soy feliz”.

Justamente, uno de sus hijos, Horacio, está cerca de donde se desarrolla el diálogo y en un momento se acerca y dice en tono de broma: “Si lo dejan hablar, los va a tener acá toda la noche”. Nuestro Agro responde: “Sería un placer”.



Fuente: Nuestro Agro (Gustavo Gigena)

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