Nota publicada Edición Impresa "Julio 2019"
Editorial

Una oportunidad para no desaprovechar

Al promediar la primera semana del presente mes y con el cierre de edición a cuestas, se produjo la firma de un histórico tratado de libre comercio (TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea. En los primeros días no se dieron a conocer muchas precisiones por parte de ninguno de los dos bloques sobre los puntos acordados; sin embargo, tiene sentido analizar qué decisiones harían que el TLC fuese más o menos beneficioso para nuestro país.
En tal sentido, Ecolatina como analista de los aspectos económicos y financieros, comentó que vale remarcar que el promedio ponderado de aranceles del Mercosur (14,8%) es sensiblemente mayor al del viejo continente (3,0%). En consecuencia, los precios de los productos europeos se abaratarían en mayor medida que los sudamericanos. Visto desde la óptica de los consumidores, los habitantes del Mercosur seríamos los principales beneficiados. No obstante, desde una perspectiva productiva, dado que los productos europeos se importarán a un menor precio habrá un riesgo latente para la producción local.  Acerca de los efectos para nuestro país nada aún se puede asegurar y en un primer análisis aparecen cuestiones negativas en la medida que nuestro país no modifique algunas cuestiones básicas propias de una economía inestable con fuerte carga impositiva que impide ser más competitivos a muchos sectores, aunque no todos.
Más aún, mientras que la Argentina cobra derechos a sus exportaciones, la Unión Europea las subsidia a través de la Política Agraria Común (PAC). En este sentido, el presupuesto asignado a esta política ascendería a 408.000 millones de euros para el período 2020-2024, superando de esta forma cualquier proyección de nuestras exportaciones totales para el período.
Ecolatina señala que “Dada esta dinámica asimétrica, el acuerdo debería forzar un esquema impositivo más racional en nuestro país, para no sobrepenalizar la producción doméstica. Si este fuera el caso, nuevamente, los consumidores locales ganarían por una doble vía; ahora bien, si no se lograra relajar la carga tributaria, la producción doméstica se vería casi imposibilitada de competir con la europea”. El elevado costo de financiamiento vigente en nuestro país actúa también en forma negativa con una tasa de interés que se ubica actualmente en niveles prohibitivos para invertir. En pos de adecuar el sistema productivo a las demandas del acuerdo, el costo de financiamiento deberá abaratarse sensiblemente: de lo contrario, será muy difícil competir con la producción de nuestro nuevo socio comercial.
A la hora de aspirar a fomentar los flujos de inversión extranjera directa mediante estos TLC, cabe manifestar que la disparidad entre ambas regiones respecto de las inversiones realizadas en otros países, nuestro bloque posee mucho para ganar en este frente. La Unión Europea, según datos del Banco Mundial  tiene registradas salidas de inversión durante 2017 por USD 620.000 millones, mientras que las del Mercosur apenas superaron USD 25.000 millones. La cuestión pasa por los escasos atractivos que brinda hoy nuestro país para atraer inversiones a partir de la severidad de las normas laborales, de la presión de los sindicatos sobre las empresas y de contar con una macroenomía totalmente inestable.
Dice Ecolatina que “Una vez más, estaremos frente a una oportunidad interesante para generar un esquema en línea con las necesidades actuales y orientar a nuestra economía hacia el crecimiento; de lo contrario el panorama se oscurecerá”.  Mejorar las condiciones laborales, ofrecer sueldos acordes a las capacidades profesionales es una cuestión no menor a tener en cuenta y que una política de Estado debería corregir definitivamente
El citado informe menciona que “afirmar que gran parte de que el impacto del TLC sea positivo o negativo para nuestro país dependerá de qué reglamentaciones y excepciones se hagan al mismo y, no menos importante, cómo y a qué velocidad reaccione nuestro país ante la novedad, ajustándose a los standaresglobales en materia de legislación impositiva y laboral”.
Por lo tanto, resta hacer un análisis sectorial para saber cómo impactará el acuerdo a nuestra estructura productiva. Para ello, corresponde cotejar la diferencia de productividades relativas entre ambos bloques. En este sentido, podemos separar a las ramas transables afectadas en dos grandes grupos: aquellas que trabajan a un nivel de productividad cercano a la frontera internacional y a las que lo hacen a uno inferior.En el primer grupo, que sería aquel que podría verse beneficiado a partir de incrementar sus exportaciones a la Unión Europea –no produce con sobrecostos y la rebaja de aranceles le permitiría competir- aparece la agroindustria. Por caso, las exportaciones de trigo y maíz y sus derivados, así como las de carne, podrían verse altamente beneficiadas con el acuerdo. Pero vale resaltar algunas cuestiones. Por un lado, es importante que en el acuerdo se discuta la eliminación de subsidios a los productos agrícolas, que abarata a partir de decisiones de política económica a los bienes europeos. Por el otro, partiendo de las regulaciones internacionales de seguridad alimentaria, suelen ponerse cuotas y reservarse ciertos requisitos de admisión para las importaciones de alimentos (barreras fitosanitarias y de calidad). 
En tal sentido, Ecolatina menciona que “será fundamental evitar el abuso de estas posiciones por parte de los países europeos en pos de alcanzar el mayor market share posible". Por último, "la oferta agroindustrial es relativamente inelástica (a diferencia de la producción típicamente industrial, no basta con aumentar el ritmo de una máquina)". En consecuencia, "será fundamental incrementar el valor agregado de los productos exportados –pasar de ser el granero del mundo a ser el supermercado-, ya que de lo contrario será inevitable que el sector se reprimarice". Esto no será un proceso autónomo, sino que dependerá de elaborar un programa de desarrollo con orientación exportadora que cuente también con la voluntad política necesaria para llevarlo a cabo.
En síntesis, una historia que genera expectativas como una buena noticia, pero habrá que adaptarse a las condiciones vigentes en esa comunidad con 500 millones de habitantes a quienes mucho les podemos vender pero en condiciones de igualdad. Si el Estado argentino no se preocupa por corregir asimetrías propias, todo quedará como expresión de deseo y desaprovechándose una gran oportunidad para ponernos a competir en el mundo con reglas de juego claras y con empresarios visionarios, que dejen de mirar el corto plazo. 

Fuente: Nuestro Agro

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