A comienzos de enero de 2026, técnicos del INTA detectaron la presencia de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) en lotes de maíz tardío de la zona de Rafaela.
Ante este escenario, los especialistas recomiendan intensificar los monitoreos, con una frecuencia de cada 3 a 5 días, desde los primeros estados fenológicos del cultivo (Ve) y hasta V8–V10, período considerado de mayor susceptibilidad al complejo de enfermedades asociadas a esta plaga.
“El monitoreo temprano y sistemático es una herramienta clave para tomar decisiones oportunas y reducir el riesgo de transmisión de patógenos”, explicaron desde el equipo técnico del INTA.
Para una correcta evaluación de la presencia de chicharrita del maíz, Federico Massoni destacó: “revisar cinco plantas en 15 a 20 puntos representativos del lote; realizar los monitoreos en horas de la mañana, cuando los insectos presentan menor movilidad; evitar sombrear las plantas durante la observación; y no efectuar monitoreos en horarios de altas temperaturas”, ya que el acartuchamiento de las vainas dificulta la visualización de los insectos, que suelen refugiarse en el cogollo.
Manejo y control
Dado que las chicharritas pueden ser portadoras de los patógenos causales del achaparramiento del maíz, el objetivo del manejo es reducir el inóculo inicial. Por este motivo, “es necesario hacer las intervenciones de control durante los estadios V2-V3 a V8, cuando el cultivo es más vulnerable a la infección”, sostuvo Romina Manfrino.
Entre los productos disponibles en el mercado y registrados por SENASA, se encuentran alternativas químicas y biológicas, entre ellas:
* Verdavis – isocycloseram 10% + lambdacialotriona 15% (150 – 200 cc/ha)
* Expedition – sulfoxaflor 10% + lambdacialotrina 20% (300 cc/ha)
* Solomon – betaciflutrina 9% + imidacloprid 21% (350 cc/ha)
* Mum Tech – Beauveria bassiana (500 -1000 cc/ha)
* Mulsanne – Isaria fumosorosea (500 – 800 cc/ha)
* Biokato – Pseudomonas fluorescence + P. chlororaphis (1000 – 1500 cc/ha)
Desde el INTA Rafaela, también remarcaron la importancia de ajustar las decisiones de control al nivel de infestación y al estado fenológico del cultivo, priorizando siempre un enfoque de manejo integrado.







