El debate lechero mirando a 2035: expectativa vs. realidad

Productores, industriales y funcionarios de las tres provincias más lecheras coincidieron en debatir los próximos 15 años de la lechería argentina. El evento se denominó Todo Láctea 2021 y sentó las bases de un fructífero debate institucional que la lechería debe retomar con urgencia.

Por Gustavo Gigena*

Los principales dirigentes de la producción primaria de leche, de la industria láctea, los estados provinciales, el Estado Nacional, y representantes de la exportación y los trabajadores, dieron forma a un inédito Foro de Lechería “Argentina 2035”, con el objeto de exponer una visión multisectorial de la lechería que desean o vislumbran a futuro.

 “¿Qué lechería queremos?”, fue el sencillo pero desafiante eslogan para este foro y en ese sentido respondieron los convocados, entre los que se destacaron los referentes lecheros de las entidades agropecuarias, dirigentes industriales y funcionarios políticos del área productiva de las principales provincias.

El evento se llevó a cabo el pasado 25 de septiembre de manera virtual a cargo del grupo Todoagro y convocó a unos 800 televidentes que lo siguieron en vivo por la plataforma de Youtube.

Lechería estancada o en crecimiento

Como una de las entidades más federales y representativas del sector agropecuario argentino, que representa a los ruralistas lecheros de las principales provincias productoras, Confederaciones Rurales Argentinas aportó una visión regional desde el punto de vista de cada confederación, con sus matices pero detrás de un mismo objetivo.

En este sentido, la coordinadora de Lechería de la entidad, Andrea Passerini, explicó: “para CRA el principal desafío que enfrenta la cadena láctea pasa por cómo desarrollar el negocio desde la demanda, que es donde se inicia el flujo de fondos que después va aguas abajo, de manera tal de poder atender al consumidor con productos cada vez de mayor calidad y a un precio cada vez más competitivo”.

Sobre los recurrentes obstáculos que enfrenta la actividad, Passerini no dudó: “estamos acostumbrados y entrenados para resistir y sobrevivir en los ciclos de estrangulamiento, así como aprovechar los ciclos de expansión, pero no se crece si no hay nuevos inversores ni en la lechería ni en ninguna otra actividad”. Para ello, “si los nuevos inversores no ven un escenario en el que haya reglas de juego claras comerciales, a partir de las que ganar o perder sea principalmente resultado de la propia gestión, no van a venir a poner plata en esta actividad, más teniendo en cuenta que provienen de otras producciones que sí tienen reglas establecidas”.

Por su parte, el referente lechero de CARSFE (Santa Fe), Sergio Roskopf apuntó: “si aceptamos este enfoque, la cadena va a construir estrategias pensando qué productos son los que demanda el consumidor y su capacidad de pago para generar renta a todos los integrantes de la cadena, ya que el flujo de fondos va desde la demanda y no hay más dinero que repartir que lo que pagó el consumidor en cuanto a calidad, trazabilidad y funcionalidad”.

En consecuencia, Passerini aseguró: “en este esquema los industriales tienen que establecer sistemas competitivos internacionalmente de elaboración de materia prima; tienen que estar convencidos de que la mejor opción para la cadena es coordinar comercialmente con el productor para generar señales claras de precio en base a un estándar productivo de sólidos; también es fundamental cumplir con los acuerdos y los puntos consensuados en sendos documentos formalizados a lo largo de este ciclo; y nosotros, los productores, tenemos que entender primero que nada, que precio no es renta, y que son posibles sistemas ordenados indistintamente de la escala”. Dicho de otra manera, “la viabilidad económica de los actores depende de las reglas de juego, no del tamaño”.

En tanto el referente lechero de la confederación cordobesa CARTEZ, Alfredo Cardozo, propuso cambiar el concepto de lechería enfocada sólo al mercado interno. “Si analizamos las estadísticas de la cadena agroalimentaria de los últimos 20 años, la lechería argentina se encuentra en un estado de estancamiento”, básicamente porque está “pensada desde la originación de la materia prima como volúmenes de leche que se transforman en productos y fluctúan sin el respaldo de un plan de negocios que lo justifique, con base en un consumo interno que está ampliamente abastecido, mientras la participación en el mercado internacional no alcanza a generar un plan de negocios consistentes en calidad y precio”. Según Cardozo, “no hay que hablar más de excedentes sino transformarnos en jugadores permanentes del mercado internacional”.

Siguiendo con el enfoque de CRA, el coordinador lechero de FARER (Entre Ríos), Norbeto Ferrari, planteó dos desafíos o caminos posibles. “El primero, armarse como negocio para crecer, desarrollarse extra mercado interno; el segundo, no hacer nada y ajustarse solo al mercado interno, teniendo al mercado internacional como receptor de los excedentes estacionales”.

Sin proponérselo, “nuestra lechería está en la segunda alternativa, en un escenario donde sólo los grandes tambos soportan con espalda financiera el continuo ajuste del mercado interno, que cuando produce por arriba de la demanda, sobresatura cíclicamente la demanda sin estrategias consistentes y sin consolidar el crecimiento con expansión del mercado externo”.

Por último, el referente de CARBAP (Buenos Aires), Gustavo Augel, dijo que “esto último no lo podemos aceptar como una opción, ya que significa la destrucción y desaparición de una gran cantidad de jugadores, y tampoco asegura la permanencia de los últimos que queden ya que la competitividad comercial en la que avanzan lecherías que se internacionalizan, como la de nuestros vecinos fronterizos, pueden llegar a poner productos en el mercado de mayor calidad y mejor precio que los nuestros”.

Exigencias y nuevos horizontes

El foro continuó con la visión de Federación Agraria, a cargo de su referente lechera, Marisa Boschetti: “será determinante en la lechería del futuro, asumir que un aumento en la producción va a venir relacionado del uso adecuado de los recursos naturales; algo que ya se está viendo e imponiendo y que como productores debemos tenerlo en la agenda”. Ella habló de “las nuevas modas de alimentación basadas en mitos y ataques a la producción animal, a las cuales debemos hacer frente, explicando cómo se trabaja dentro de nuestras producciones lácteas en Argentina, donde el bienestar animal lo es todo para nosotros”. En este sentido, un desafío inmediato es “dejar reflejado esa realidad que se ve en nuestros campos”.

La representante federada enfatizó que solo se puede crecer en el mercado interno “si tenemos más exportaciones”, pero resolviendo dos temas antes. “La carga impositiva que debemos afrontar, los pequeños y medianos sin distinción de los grandes, y la falta de créditos no bancarios es algo muy angustiante en esta escala; saber que nunca contás con respaldo financiero no te permite proyectar hacia el futuro; sin ese respaldo los productores están desprotegidos y eso provoca el éxodo de la actividad; hay una falta de política nacional que sinceramente es lo que hace que muchos productores decidan irse de la producción láctea por falta de rentabilidad”.

Una hoja de ruta, en serio

“La FAA lo que quiere es una lechería cada vez más grande, en crecimiento, avanzando hacia una exportación mucho más grande, pero con más productores, no con menos”. Boschetti planteó que no quiere crecer a cualquier precio: “necesitamos productores genuinos, que den trabajo en los pueblos, que produzcan arraigo, que doten de las posibilidades a los jóvenes que hoy tenemos que muchas veces se nos quedan en el camino; no queremos tambos cada vez más concentrados; necesitamos muchas más pymes dentro de los pueblos, no queremos empresas industriales oligopólicas manejando la industrialización de la materia prima”, espetó la federada. “Para lograr todo esto tenemos una hoja de ruta con prioridades, como por ejemplo la baja de impuestos, empezando por los productores más chicos; usar parte de esos impuestos para un fondo federal de desarrollo, que vuelva al sector, que acompañe al crecimiento del pequeño y mediano productor”.

Para el mercado interno, Boschetti propuso bajar el IVA o la devolución del IVA en las tarjetas Alimentar, elevar el consumo interno y hacerlo más equitativo, “para que más gente tenga acceso a los productos y sin que esa medida destruya la cadena”.

La visión de mercado

Desde otra visión, el representante de la Sociedad Rural Argentina y presidente de la Asociación Criadores de Holando Argentino (ACHA), Máximo Russ, dijo que para mirar a 2035, primero hay que enfocarse en cambiar el rumbo de la actual lechería. “Hoy tenemos los mercados distorsionados por la fuerte intervención del Estado; una competencia desleal debido fundamentalmente a la alta marginalidad del negocio; proteccionismo y barreras pararancelarias para exportar, lo que dificulta nuestra inserción en el mundo; una altísima carga impositiva con falta de financiamiento y tenemos una dificultad para lograr consensos dentro de la cadena”.

Por lo tanto, “para avanzar en estos temas, por lo pronto tenemos que tener una lechería volcada a la exportación, con reglas claras y estables en el tiempo y con un marco jurídico adecuado”. Entender que “nuestros competidores tienen muy pocas posibilidades de expandirse y el mundo, por su crecimiento va a precisar de mayores empresas lácteas para poder exportar más y mejor, con tratados de libre comercio con los países más importadores del mundo”, estimó Russ.

Además, “acceder a la mejor tecnología hoy disponible en el mundo y al mismo costo que nuestros competidores, para aumentar la productividad, porque pensamos que el secreto no va a estar en los sistemas de producción, sino en el manejo, la genética y la alimentación”.

Lógicamente, el directivo de ACHA defendió algunas herramientas de manejo de rodeo que todavía no logran imponerse masivamente entre los tambos argentinos, como “el control lechero oficial, la calificación por tipo del rodeo y las evaluaciones genéticas nacionales”.

Lo primero es ordenar la cadena

El presidente de la Mesa de Productores de Leche de Santa Fe (MEPROLSAFE), Marcelo Aimaro, expuso la visión de esta poderosa entidad conformada exclusivamente por tamberos, con un mensaje que vienen pregonando desde hace años: el ordenamiento de la cadena.

“Los desafíos pueden ser múltiples, tanto en lo productivo como en lo ambiental, pero nada podremos lograr sin el ordenamiento de la cadena lechera”. Para ello, el santafesino instó a los productores a que asuman el rol que les corresponde para tratar de llegar a esa lechería que todos anhelan. “Esa lechería que queremos ver hacia el 2035, en crecimiento, importante, para la cual tenemos el potencial, que llegue a la mesa de todos los argentinos pero que también genere a través de la exportación los dólares necesarios para el país”.

Pero Aimaro advirtió: “eso va a ser imposible si no ordenamos esto, si no le damos reglas del juego claras y previsibilidad al productor para que pueda seguir invirtiendo en este negocio, generando mano de obra genuina y movimiento económico en el interior”. Para MEPROLSAFE, esa hoja de ruta está basada en el famoso acuerdo de San Francisco del año 2003, “cuyos puntos ya están firmados por todos hace muchísimos años y de los cuales hemos trabajado algunos y otros los hemos puesto en el cajón del olvido”, como la leche de referencia, el pago por calidad, el análisis imparcial de la materia prima, laboratorios arbitrales y la planificación del crecimiento, entre otros objetivos. “Si no damos esta previsibilidad antes de plantear esas utopías de producir 20.000 millones de litros para después no saber cómo vamos a hacer para venderlos, vamos a seguir con esta lechería estancada y encima con menos productores”.

Aimaro señaló además, “el primer desafío es dar equidad y redistribuir equitativamente el dinero que está dentro de la cadena, por eso necesitamos la presencia del Estado como árbitro, a través de sus gobiernos provinciales generando en conjunto con los privados las reglas a cumplir”.

El crudo diagnóstico del futuro

Desde la cuenca Oeste de Buenos Aires, el presidente de CARPOLECOBA, Matías Peluffo, planteó que “los principales desafíos para la cadena láctea creemos que van a estar relacionados a dos temas principalmente. Uno, a la imagen de la lechería y otro, a la imagen de la leche y los lácteos. Va a ser un desafío tener un permiso social de la sociedad para producir leche y también va a haber que convencer a los consumidores de los beneficios que tiene consumir lácteos”.

En ese sentido, “hacia el 2035 es muy probable que nuestra producción nacional siga aumentando y por lo tanto exportemos mayor proporción de nuestra producción de manera progresiva y dependiendo mucho del contexto; posiblemente haya menos tambos, con un rodeo nacional más chico”, estimó Peluffo. “Vamos a tener que seguir aumentando la producción con menos unidades productivas y lo mismo sucederá para las industrias, que se van a ir concentrando y las que quieran sobrevivir tendrán que buscar estrategias de innovación o alguna especialidad que les dé alguna ventaja competitiva en el mercado”. En el corto plazo, “nuestra cadena láctea tiene que explicarle al gobierno y a la sociedad que estamos en peligro a causa de la carga impositiva, sobre todo lo que son los derechos de exportación y también que nos hace mucho daño la inestabilidad económica y política”, afirmó el productor bonaerense. “Y en el mediano plazo, habrá que ir pensando en una institución donde se agrupe a la producción y a la industria, donde se pueda hacer un plan estratégico para el desarrollo de nuestra lechería en conjunto”.

La mirada cooperativista

El histórico presidente de la Junta Intercooperativa de Productores de Leche, Danny Lorenzatti, realizó su aporte planteando las materias pendientes del sector y poniendo como ejemplo el devenir de la lechería en los últimos años, marcada por crisis cíclicas y la fuerza de un mercado externo que exige estar preparados a nivel interno.

Lorenzatti atribuye a los vaivenes del precio internacional la incidencia de ciclos de inestabilidad, que ocasionan problemas financieros tanto a nivel de productores como de industria. “Resultando como tal que en 1996 teníamos 22.000 tambos y hacia 2018/19 quedaban 10.450; o sea, una baja del 53% de los tambos en poco más de 20 años”, indicó. “Más allá de que hubo un aumento de vacas por tambo, litros por día, el 30% de los tambos hoy producen el 70% de la leche, lo que significa que hay una concentración casi como la Ley de Pareto (Principio que establece que, de forma general, el 20% del esfuerzo produce el 80% de los resultados, o dicho de otra manera, el 80% de las consecuencias proviene del 20% de las causas)”. Es decir, “el 80% de la producción está en manos del 20% de los productores; ojalá no siguiera una tendencia como viene hasta ahora, sino que realmente se fortaleciese toda una cadena de valor a través de las distintas etapas que intervienen”, tal como lo presentó el INTA en su momento, “donde claramente se ve un agregado de valor desde el origen hasta la mesa del consumidor”. Para ello, “por supuesto necesitamos competitividad, tecnología y adaptarnos a los cambios que se están dando en el mundo”. Para Lorenzatti es indispensable que esta planificación esté en manos del Estado. “El gobierno nacional, los gobiernos provinciales y municipales; claramente está en manos de todos los ministerios del país, que tienen una función sobre el plan estratégico que se debería desarrollar para la producción lechera. Un plan estratégico que se debería definir por ley, consagrando a la lechería como alimento estratégico nacional, con una subsecretaria de Lechería fuerte, con empoderamiento real, con financiamiento, infraestructura, tecnología, herramientas de asociativismo y la institucionalización del sector”. Es decir, “distintas herramientas que en definitiva contrarresten esas desventajas externas que son la variación del precio internacional o las variabilidades climáticas con un apoyo financiero y con esquemas impositivos que acompañen”.

Cómo proyecta la industria

El presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL), Ércole Felippa, se mostró identificado con “los desafíos han sido planteados de manera consensuada en su momento por el PEL 2020 (proyecto estratégico que pretende un crecimiento exponencial de la cadena, propuesto desde la FUNPEL). “No cabe ninguna duda que temáticas que hoy son muy incipientes en nuestro país, pero que nuestros competidores vienen abordando y resolviendo desde hace mucho tiempo, como son los temas ambientales, el cambio climático, las nuevas tendencias del consumo y las formas de comercialización en todo lo que se refiere a la sustentabilidad de la cadena en el sentido más amplio de la palabra, son todos aspectos que constituirán desafíos a incorporar a la agenda del trabajo”.

Según Felippa la lechería que viene será “con sistemas mucho más intensivos y un consumidor mucho más exigente” en cuanto a las propiedades que deben tener los productos lácteos. “Yo me imagino una lechería mucho más concentrada, tanto a nivel de producción primaria como a nivel industrial, aunque la lechería que yo desearía y la organización que represento para que se consolide en el país, prioriza una lechería competitiva, con desarrollo permanente social y ambiental, para abastecer no solamente nuestro mercado interno sino también al mundo”. Para ello, “el objetivo fundamental pasa por un reordenamiento de la macroeconomía argentina”.

La voz de APYMEL El experimentado referente de las pymes lácteas, Pablo Villano, reconoció que la lechería argentina sufrió “un estancamiento”, debido a malas decisiones de los políticos de turno, aunque “muy importante fue la influencia de las grandes empresas que tenían pleno crecimiento, junto a las cuales se desarrolló una gran cantidad de pymes muy atomizadas, que en muchos casos, con una mejor visión empresarial, comenzaron una evolución que hoy son ejemplo de desarrollo y dan sustento a muchísimos pueblos y regiones del interior”.

Para Villano, “en una lechería del futuro lo que deberíamos conocer primero en el sector pyme es el real interés del sector político de que este tipo de empresas existan. Necesitamos un marco legal y regulatorio para las pequeñas pymes y los pequeños tambos, que pueden distinguirse por la calidad tanto de la leche como del valor agregado en el producto final”.

Y cerró con una frase que sintetizó la expectativa y la realidad de este foro: “Pensar en una lechería a 15 años es muy dificultoso, soñarla es más simple”.

El enfoque político

El Foro lechero incluyó la participación de los funcionarios del área lechera, que dejaron sus impresiones en torno a la consigna del “futuro de la actividad”.

El director de Lechería de Santa Fe, Abel Zenklusen, expresó que “el gran desafío es producir más leche por hectárea, lograr un alimento inocuo y de alta calidad que sea amigable con el medio ambiente, contemplando el bienestar animal, y teniendo en cuenta que uno de los problemas más graves de aquí a 15 años, será la competencia por la tierra”.

El otro desafío grande es contemplar las tendencias del consumo y argumentar la producción de leche como alimento. Además, “el traspaso generacional; hoy tenemos una generación de gente mayor rondando los 40 años de promedio como operarios tamberos”, advirtió el funcionario, quien también es tambero y Méd. Vet. “Hay que crear nuevas generaciones apoyándonos mucho en las escuelas técnicas, dándole valor al trabajo del campo, rentabilidad, dignidad y conectividad”.

Zenklusen resumió: “en Santa Fe queremos una lechería en crecimiento que cubra sobre todo el mercado interno a un precio accesible y un mercado de exportación en constante crecimiento”.

El funcionario de Buenos Aires, Javier Rodríguez, bregó en su exposición por “lograr una senda de crecimiento que deje de expulsar tamberos y que permita construir un verdadero desarrollo local y regional vinculado a la sustentabilidad ambiental; cuando nos preguntamos cómo avanzamos hacia ese horizonte que es el 2035, tiene que ser sin ninguna duda de manera articulada entre el sector privado y los distintos niveles del sector público”.

Por su parte, el ministro cordobés, Sergio Busso, describió cuatro desafíos importantes que ya están abordándose en la provincia: “el cambio en los sistemas de producción y la intensificación”; el desafío del cambio climático, que incluye la mitigación del impacto del clima y el bienestar animal; el tema de la sustentabilidad y “la licencia ambiental como requisito para ganar mercados”; y las tendencias de consumo, “incentivando los lácteos desde la misma niñez”, porque “debemos recuperar con diferentes medidas y volver al consumo a 220 litros por hab./año”, instó Busso. “La lechería del 2035 será consecuencia de las decisiones que hoy tomemos”.

Finalmente, el director de lechería, Arturo Videla, aportó la visión del Gobierno nacional: “será central la mirada de los consumidores respecto de lo que producimos y también cómo lo hacemos. El cuidado del ambiente es cada vez más importante y no solo para las nuevas generaciones”.

Dijo que el tambo deberá “generar condiciones que atraigan a las nuevas generaciones, trabajar en el bienestar animal, la incorporación de tecnología y la gestión de procesos”, así como “la industria deberá seguir muy de cerca la cuestión ambiental e incorporar mayor automatización en los procesos”.

Según Videla, “las certificaciones serán una herramienta fundamental en este contexto” y además, propuso “la creación de un ente del sector lácteo como lo tienen otras economías regionales con representación del sector privado y público, y la creación de un fondo anti cíclico, porque estamos convencidos de apostar a una lechería en crecimiento con un alto consumo per cápita, que defina una clara estrategia de exportación para ser proveedores confiables en el mundo”.

*Jefe de Redacción de Nuestro Agro