La brucelosis bovina continúa siendo uno de los desafíos sanitarios de la ganadería argentina. Sus consecuencias pueden traducirse en abortos, dificultades reproductivas, pérdidas productivas y riesgos para la salud humana. Sin embargo, una actualización del marco sanitario nacional amplió las posibilidades de prevención y control, incorporando nuevas alternativas para proteger a los rodeos más allá de la vacunación obligatoria de las terneras.
La medida representa un avance para productores y veterinarios, ya que permite considerar estrategias complementarias de vacunación en vacas adultas, bajo condiciones sanitarias específicas y dentro de un programa integral de manejo. En este escenario, la biotecnología argentina también tiene un papel destacado: DELTA-PGM, desarrollada por investigadores de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y producida por Agropharma, forma parte de las vacunas autorizadas para la vacunación estratégica contra la brucelosis bovina.
Una enfermedad que afecta directamente la productividad
La brucelosis bovina es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Brucella abortus. Entre sus principales consecuencias se encuentran los abortos, especialmente durante la gestación, y otros problemas que comprometen la eficiencia reproductiva de los rodeos. Para los establecimientos ganaderos, estas alteraciones pueden significar menos terneros, mayores costos sanitarios y dificultades para sostener los indicadores productivos. Además, se trata de una zoonosis: puede transmitirse de los animales a las personas, lo que convierte su prevención en una cuestión de sanidad animal y salud pública.
Por este motivo, Argentina cuenta con un Plan Nacional de Control y Erradicación de Brucelosis Bovina, que establece acciones de vacunación, diagnóstico, vigilancia y saneamiento. La vacunación constituye una herramienta fundamental, pero no reemplaza las demás medidas de control sanitario necesarias para reducir la circulación de la enfermedad.

