Durante 14 meses las tres ciudades que son sede de los Juegos Suramericanos 2026 -Rosario, Santa Fe y Rafaela- fueron escenario de un vertiginoso proceso que incluyó la transformación de espacios urbanos que se encontraban postergados; o que -como en el caso de Rafaela- eran simplemente descampados a la espera de una urbanización que parecía lejana.

Para interpretar correctamente el proceso que desembocó en la realidad que son hoy los Juegos disputándose en  la provincia, hay que mencionar un "kilómetro 0", que fueron los Juegos de la Juventud realizados en Rosario en 2022. Recién se salía de la pandemia y el fenómeno de convocatoria y el clima de fiesta que vivió Rosario llamaron la atención del entonces gobernador Omar Perotti, quien inmediatamente decidió postular a la provincia para los Suramericanos 2026.

Santa Fe se nominó para organizar los Juegos con una novedad inédita: en vez de concentrar todo en una sola ciudad, propuso tres sedes. Hubo gestiones ante el Comité Olímpico Internacional; ante las federaciones internacionales de cada deporte y ante Odesur, y finalmente se logró ese objetivo.

Perotti terminó su gobierno y la gestión de Maximiliano Pullaro tomó la posta, con una realidad insoslayable: un cambio en el escenario nacional, con la asunción de un gobierno que paralizó totalmente la obra pública y canceló todo tipo de proyectos financiados por el Estado. Pullaro tuvo una decisión política de doble valor: continuó lo que había iniciado su antecesor, de otro signo político; y se dispuso a poner sobre los hombros de la provincia el enorme desafío de construir lo necesario para recibir a los Juegos en un tiempo récord.

En las tres ciudades se invirtieron miles de millones de pesos en tres estadios cerrados completamente nuevos; piscinas climatizadas de última generación, un velódromo reconocido ahora como el más moderno construido en madera en el mundo; pistas de BMX y skate diseñadas por especialistas venidos de Estados Unidos, Perú, México y Alemania; entre otras inversiones.

Más importante que ello aún son las infraestructuras urbanas: nuevas avenidas, ciclovías y parques que mejoran los aspectos urbanísticos; y la ejecución de tres villas con cientos de departamentos (80 en Rafaela, más de 400 en Rosario y más de 200 en Santa Fe) que, luego de los Juegos, serán convertidos en viviendas permanentes.

En el caso de Rafaela, la villa deportiva fue ejecutada con inversiones de un desarrollador urbano, que cedió terrenos para la construcción del microestadio cubierto con capacidad para 3.500 espectadores sentados; y que se encargó de la construcción del Parque Suramericano y los espacios de parquización, a cambio de las obras de pavimentación, iluminación y servicios en las áreas desarrolladas. Luego, esos departamentos serán comercializados en el sector privado.

Siempre hablando de Rafaela, no es menor el hecho de que las obras complementarias incluyeron la ejecución de desagües en la zona Oeste de la ciudad, claves para evacuar los excesos hídricos de zonas rurales al Oeste de la Variante Rafaela, ya que se conectan también con la nueva canalización del denominado Bajo Peretti, que mejora el saneamiento de zonas de Presidente Roca, Saguier, Susana y Aurelia.


Lo que viene

Pasada la efervescencia de los juegos, que moviliza a más de 5 mil deportistas de 15 países de América del Sur, quedará el desafío de darle uso racional y eficiente a la infraestructura ejecutada.

Se trata del legado de los Juegos, lo que implica el desarrollo de disciplinas deportivas, pero también de actividades culturales, sociales y también de los sectores de la producción, que tendrán ahora escenarios aptos para recibir eventos de gran significación.

Por qué no pensar en ferias deb emprendedores, o de encuentros de la producción; con ruedas de negocios y otras posibilidades en lugares como los estadios cerrados, que tienen playas de estacionamiento, fácil accesibilidad y condiciones para permitir conectividad y un desarrollo normal bajo cualquier condición climática.

Todo eso, para el futuro inmediato. Por ahora, los santafesinos disfrutamos de una enorme oportunidad de mostrarnos al mundo usando la gran vidriera del deporte, formador de personas y equipos de trabajo.


Por Miguel González