Cada mes, la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina, presenta un índice que permite evaluar cómo impacta en los productores la carga impositiva.
Para el mes de septiembre, los impuestos sobre la renta agrícola siguen siendo determinantes, aunque con matices según el territorio. En Santa Fe, el Estado se queda con el 53,9% de lo que genera una hectárea, un porcentaje apenas inferior al promedio nacional de 58,2%. Esa diferencia coloca a la provincia en una posición relativamente más favorable que Buenos Aires, donde la participación estatal alcanza el 56,1 %, y que Córdoba, con 56,9%.
Sin embargo, el peso sigue siendo mayor a la disponibilidad de fondos para la inversión y el crecimiento, condicionando la competitividad.

El aumento de los precios del trigo y la soja, junto con la baja de la urea, que pasó de 730 a 570 dólares por tonelada, permitió que los márgenes mejoraran respecto de junio.
En el caso del trigo, el resultado económico previo al pago de impuestos fue positivo, algo que en informes anteriores apenas se lograba o directamente se tornaba negativo. Pero los precios del trigo y el maíz todavía se ubican por debajo de los promedios de los últimos cinco años, lo que relativiza la mejora.
La renta agrícola promedio se distribuye en 58,2% de impuestos, 27,3% de costo de la tierra y apenas 14,5 % de resultado agrícola.
En Santa Fe, esa ecuación se traduce en productores que, pese a mejoras coyunturales en precios y costos, siguen operando con márgenes estrechos y una fuerte dependencia de factores externos. Antonella Semadeni, economista de FADA, explicó que “aún con mejores precios y menores costos para algunos insumos, los impuestos representan más de la mitad de la renta agrícola”.
El contraste provincial muestra que Santa Fe se ubica en el grupo con menor participación estatal, junto con La Pampa (54,7%) y San Luis (55%), mientras que Entre Ríos aparece en el extremo opuesto con 58,4%.
Estas diferencias no implican necesariamente que un productor pague más o menos en pesos, sino que responden a la combinación de rindes, precios, costos, fletes e impuestos locales.
El transporte sigue siendo un factor clave, porque cuanto más lejos de los puertos, mayor es la incidencia del flete en la renta.

En zonas santafesinas alejadas del Gran Rosario, el costo de trasladar la producción puede representar una parte significativa del margen. “El precio del grano no es el único elemento que define la renta agrícola. También importan los costos de producción, la distancia a los mercados, los rindes y la estructura impositiva de cada territorio”, explicó Nicolle Pisani Claro, economista jefe de FADA.

Santa Fe logra mejorar en septiembre sus márgenes gracias a factores externos, pero la mochila impositiva sigue pesando más de la mitad de la renta.
Frente a Buenos Aires y Córdoba, la provincia aparece con un nivel de presión algo menor, aunque igualmente elevado.
Para el productor santafesino, cada decisión de siembra, cada cálculo de insumos y cada viaje al puerto está atravesado por una ecuación en la que el Estado se lleva la parte mayoritaria y sin claros indicios de mejoras para transitar la desafiante próxima campaña.

