Dice el histórico Rubén Tosolini, geólogo del INTA que está a punto de jubilarse, que “uno de los grandes desafíos que tenemos como profesionales es tratar de hablar idiomas universales para entendernos entre todos, en cualquier parte del mundo. Para ello, utilizamos una herramienta muy importante que es el sistema de taxonomía de suelos desarrollado por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). A través de ciertas claves, este sistema permite asignarle un nombre técnico al suelo. Yo siempre le digo a los chicos que ese nombre 'tiene que hablar', tiene que decirnos algo. Aunque para alguien ajeno a la materia le resulte parecido a un vademécum médico, palabras como Argiudol ya definen perfectamente qué tipo de suelo tenemos entre manos.

NA - Sin embargo, más allá de la rigidez técnica, existe una nomenclatura mucho más cercana a los productores y habitantes de la región...

RT - Así es. Los mismos norteamericanos aceptan el concepto de 'serie', que responde a un criterio netamente pragmático. Por ejemplo, a ese suelo Argiudol típico que es tan bueno en nuestra región, se lo denomina Serie Rafaela para identificarlo con una zona geográfica. Por eso, la mayoría de los usuarios van a notar que, en la zona central de Santa Fe, muchos de los suelos llevan nombres de localidades afines o cercanas a los puntos donde fueron descubiertos y clasificados.

NA -¿Cuál es la 'foto' actual del suelo en el departamento Castellanos después de tantos años de siembra directa y actividad tambera?

RT - Indudablemente nuestros suelos nacieron muy ricos por su material originario; es decir, tenían mucha fertilidad. Y subrayo el 'tenían' porque, lamentablemente, no existe una política productiva orientada al retorno de los nutrientes que se extraen con las cosechas. Esto funciona como una caja de ahorro de la cual se saca y se saca, pero nunca se repone. Como consecuencia, ya empiezan a aparecer niveles deficitarios de los elementos más comunes. Aunque la fertilidad química no es mi expertise, es un reclamo constante de los colegas que trabajan en esa especialidad.

NA - Más allá de la reposición de nutrientes químicos, usted suele hacer hincapié en otra dimensión del suelo que a veces se pasa por alto.

RT - Totalmente. El gran desafío que se viene es la fertilidad física. Uno puede aplicar fertilización química, pero si el suelo no cuenta con las condiciones físicas apropiadas, ese nutriente jamás llegará a la raíz de la planta. Vamos a tener que trabajar muy fuerte de acá en adelante en recuperar las propiedades físicas, un problema que afecta tanto a campos agrícolas como ganaderos. Los tambos, por ejemplo, debido a sus cargas instantáneas de animales muy altas, están generando estructuras laminares muy fuertes en el perfil. Resolver esto es un gran desafío y un gran problema que, desde mi punto de vista, va a requerir de mucha paciencia, algo que a veces los productores no tienen.